Ayer tuvimos que tomar la más difícil de las decisiones, ayudar a Harriet a irse dignamente y sin dolor.

La recogimos de la calle hace un mes, muy justita, al límite de sus fuerzas. Durante los primeros días, cada mañana al levantarnos respirábamos aliviados al verla mirándonos atenta desde su camita. Siempre nos temíamos lo peor.
Pero Harriet empezó a mejorar de aspecto y de ánimo, gracias a los cuidados y al amor que recibió en su casa de acogida, así que últimamente estábamos muy optimistas.

El pasado martes la llevamos al vete para su revisión, y los resultados de las analíticas no dieron lugar a dudas: Harriet estaba muy grave de su insuficiencia renal. A partir de ahí, y en sólo tres días, Harriet empeoró rápidamente, y a la vista del pronóstico irreversible y para ahorrarle sufrimiento, la dejamos ir, acompañada y mecida hasta el final en los brazos de Fátima, su casa de acogida.

Qué doloroso es dejarlos ir, jamás nos acostumbraremos a esto.

Gracias Fátima y Fran, por acogerla y cuidarla y quererla de este modo. No podríamos haberla puesto en manos más sensibles y más entendidas. Gracias a vosotros Harriet ha sido feliz por lo menos el último mes de su vida.

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