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Te pusimos un nombre bonito como tú. Eras dulce y te acercabas cuando alguien se agachaba y te llamaba suavemente. Llevabas ya algunos años viviendo en la calle, refugiándote en algún rincón cuando hacía frío y a ratos tumbada a ese sol que tanto te gustaba. Habías tenido ya varias camadas, la misma historia de siempre… Fruto de la irresponsabilidad del hombre, muchos seres sufriendo y muriendo en la calle. Quisimos esterilizarte antes de que tuvieras más bebés, más desgaste para ti, más sufrimiento para tus hijos. Queríamos ayudarte.

Eras tan buena y confiada que entraste en el trasportín sin protestar, te acompañamos suavemente con la mano y adentro. Estábamos tan contentas! Por fin sólo tendrías que ocuparte de ti. Incluso pensamos que sería buena idea no devolverte a tu colonia, sino buscarte un hogar de acogida y luego un adoptante. Pero nada de eso pudo ser. Te fuiste. Nos dejaste al día siguiente de la operación, todo había ido aparentemente bien y de repente tu corazón dejó de latir. Tu cuerpecillo no lo aguantó.

Nos sentimos muy mal, nos asaltan dudas, quizá si no te hubiéramos esterilizado seguirías viva. Aunque seguramente ya debías estar enferma, y quizá habrías muerto igualmente, sufriendo y en la calle, pero eso no nos consuela.

Habrá gente que piense que eras sólo un gato más, que no pasa nada, que ni siquiera te conocíamos demasiado. Pero se equivocan mucho. Eras Alice. Eras un corazón puro y noble. Un ser único, porque no hay dos iguales. Sirva este pequeño escrito como homenaje a los gatos de la calle y como homenaje a ti, para que no caigas en el olvido. Le importaste a alguien, y cuando te fuiste lloramos amargamente tu pérdida. Tu cuidadora te echará mucho de menos y nosotros no te vamos a olvidar.

Hasta pronto Alice.

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