La adaptación es posible entre perros y gatos pero como cualquier cambio en un entorno del animal es probable que necesite su tiempo y unas mínimas pautas. Para que la cosa vaya bien, es importantísimo el primer encuentro entre el gato y el perro . Seguramente ambos se sentirán curiosos, excitados, asustados… ante nuevos olores y esa nueva presencia, así que sobre todo debemos realizar esa primera presentación con el gato en un transportín, preferiblmente en alto, un poco más alto que el perro. EL PERRO DEBE ESTAR ATADO EN TODO MOMENTO POR SEGURIDAD DE AMBOS. Preferiblemente la correa no haya tension. Si en la primera presentación el perro o el gato se encuentran exageradamente nerviosos es mejor finalizar la presentación y llevarte a tu perro a dar un buen paseo que baje su nivel de energía. Cuando el perro esté cerca del transportín en un estado relajado iremos premiando esa actitud.

Siempre con el perro atado, posteriormente a las primeras sesiones de transportín, podemos abrir el transportín. No hay riesgo para el gato porque estamos controlando a nuestro perro con la correa. Así progresivamente iremos premiando a ambos por estar juntos en una actitud relajada.

Es muy importante no dejar al perro y al gato juntos y solos durante los primeros meses, sino que debemos controlar en todo momento la situación y estar presentes para evitar accidentes.

Algo que ayudará al gato a sentirse cómodo y seguro, es tener acceso a estanterías, rascadores o zonas altas dónde ponerse a salvo si en un momento se siente amenazad.

Estas presentaciones y conocimiento mútuo pueden durar hasta meses, la relación se construye con paciencia y poco a poco pero es posible que convivan y hasta que se hagan compañeros inseparables.

 

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